"Los libros piden escuelas, las escuelas piden libros", sostenía Domingo Faustino Sarmiento e impulsó a un mismo tiempo, la creación de bibliotecas y de aulas, tal como cita la docente bibliotecaria Marina Peleteiro en varias de sus investigaciones.
Hija y nieta de anarquistas, Marina Peleteiro heredó de su familia el impulso de leer y de formar bibliotecas. "Aprendí a leer robándole las letras a mi abuelo, que era periodista del diario La Razón", confiesa. Coordinadora del equipo a cargo de la Biblioteca de la Escuela Normal Superior Nº 7, José María Torres, en la ciudad Autónoma de Buenos Aires, la bibliotecaria -que también es docente y antropóloga- reivindica una profesión que, considera, debe ser jerarquizada: "De lo que se trata es de poder desarrollar un sentido crítico con relación a la lectura".
Fuente: Revista El Monitor de la Educación. Nº 21 -5 Época Junio 2009. Pág. 10
Aquele que aprende mais de uma língua, conhece mais de uma cultura.
jueves, 18 de marzo de 2010
jueves, 11 de marzo de 2010
La eñe también es gente
María Elena Walsh
La culpa es de los gnomos que nunca quisieron ser ñomos. Culpa tienen la nieve, la niebla, los nietos, los atenienses, el unicornio. Todos evasores de la eñe. Señoras, señores, compañeros, ¡amados niños! ¡No nos dejemos arrebatar la eñe! Ya nos han birlado los signos de apertura, de interrogación y admiración.
Ya nos redujeron hasta el apócope. Y como éramos pocos, la abuelita informática ha parido un monstruo -en lugar de la eñe con su gracioso peluquín, el -. ¿Quieren decirme qué haremos con nuestros sueños? Entre la fauna en peligro de extinción, ¿Figuran los ñandúes y los ñacurutuces?
En los pagos de Añatuya, ¿cómo cantarán Añoranzas? ¿A qué pobre barrigón fajaremos al ñudo? ¿Qué será dela Año Nuevo, el tiempo de ñaupa, aquel tapado de armiño y la ñata contra el vidrio? ¿Y cómo graficaremos la más dulce consonante de la lengua guaraní?
"La ortografía también es gente", escribió Fernando Pessoa. Y, como la gente, sufre variadas discriminaciones. Hay signos y signos, unos blancos, altos y de ojos azules, como la W o la K. Otros, pobres morochos de Hispanoamérica, como la letrita segunda, la eñe, jamás considerada por los monóculos británicos, que está en peligro de pasar al bando de los desocupados después de rendir tantos servicios y no ser precisamente una letra ñoqui.
A barrerla, a borrarla, a sustituirla, dicen los perezosos manipuladores de las maquinitas, sólo porque la ñ da un poco de trabajo. Pereza ideológica, hubiéramos dicho en la cátedra del setenta. Una letra española es un defecto más de los hispanos, esa raza impura formateada y escaneada también por pereza y comodidad. Nada de hondureños, salvadoreños, caribeños, panameños. ¡Impronunciables nativos! Sigamos siendo dueños de algo que nos pertenece, esa letra con caperuza, algo muy pequeño, pero menos ñoño de lo que parece. Algo importante, algo gente, algo alma y lengua, algo no descartable, algo propio y compartido porque así nos canta. No faltará quien ofrezca soluciones absurdas: escribir con nuestro inolvidable César Bruto, compinche del maestro Oski. Ninios, suenios, otonio...Fantasía inexplicable que ya fue y preferimos no reanudar, salvo que la madre patria retroceda y vuelva a llamarse Hispania. La supervivencia de esta letra nos atañe, sin distinción de sexos, credos ni programas de software.
Luchemos para no añadir más leña a la hoguera donde se debate nuestro discriminado signo. Letra es sinónimo de carácter. ¡Avisémoslo al mundo entero por Internet!
La creadora de la célebre Manuelita (la de Pehuajó) nació en Buenos Aires en 1930. María Elena Walsh marcó un antes y un después en la literatura para niños a partir de sus poemas hecho canciones que se popularizaron en todo el mundo hispano. Poeta, narradora, también escribió canciones no sólo para chicos (por ejemplo: Como la cigarra y Canción para la tierra de uno), guines para TV, obras de teatro, notas periodísticas. Este texto fue tomado del diario La Nación, Buenos Aires, 1996.
Fuentes: Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación. 2005. Plan Nacional de Lectura. Lecturas para estudiantes. Leer X Leer. Página 51.
La culpa es de los gnomos que nunca quisieron ser ñomos. Culpa tienen la nieve, la niebla, los nietos, los atenienses, el unicornio. Todos evasores de la eñe. Señoras, señores, compañeros, ¡amados niños! ¡No nos dejemos arrebatar la eñe! Ya nos han birlado los signos de apertura, de interrogación y admiración.
Ya nos redujeron hasta el apócope. Y como éramos pocos, la abuelita informática ha parido un monstruo -en lugar de la eñe con su gracioso peluquín, el -. ¿Quieren decirme qué haremos con nuestros sueños? Entre la fauna en peligro de extinción, ¿Figuran los ñandúes y los ñacurutuces?
En los pagos de Añatuya, ¿cómo cantarán Añoranzas? ¿A qué pobre barrigón fajaremos al ñudo? ¿Qué será dela Año Nuevo, el tiempo de ñaupa, aquel tapado de armiño y la ñata contra el vidrio? ¿Y cómo graficaremos la más dulce consonante de la lengua guaraní?
"La ortografía también es gente", escribió Fernando Pessoa. Y, como la gente, sufre variadas discriminaciones. Hay signos y signos, unos blancos, altos y de ojos azules, como la W o la K. Otros, pobres morochos de Hispanoamérica, como la letrita segunda, la eñe, jamás considerada por los monóculos británicos, que está en peligro de pasar al bando de los desocupados después de rendir tantos servicios y no ser precisamente una letra ñoqui.
A barrerla, a borrarla, a sustituirla, dicen los perezosos manipuladores de las maquinitas, sólo porque la ñ da un poco de trabajo. Pereza ideológica, hubiéramos dicho en la cátedra del setenta. Una letra española es un defecto más de los hispanos, esa raza impura formateada y escaneada también por pereza y comodidad. Nada de hondureños, salvadoreños, caribeños, panameños. ¡Impronunciables nativos! Sigamos siendo dueños de algo que nos pertenece, esa letra con caperuza, algo muy pequeño, pero menos ñoño de lo que parece. Algo importante, algo gente, algo alma y lengua, algo no descartable, algo propio y compartido porque así nos canta. No faltará quien ofrezca soluciones absurdas: escribir con nuestro inolvidable César Bruto, compinche del maestro Oski. Ninios, suenios, otonio...Fantasía inexplicable que ya fue y preferimos no reanudar, salvo que la madre patria retroceda y vuelva a llamarse Hispania. La supervivencia de esta letra nos atañe, sin distinción de sexos, credos ni programas de software.
Luchemos para no añadir más leña a la hoguera donde se debate nuestro discriminado signo. Letra es sinónimo de carácter. ¡Avisémoslo al mundo entero por Internet!
La creadora de la célebre Manuelita (la de Pehuajó) nació en Buenos Aires en 1930. María Elena Walsh marcó un antes y un después en la literatura para niños a partir de sus poemas hecho canciones que se popularizaron en todo el mundo hispano. Poeta, narradora, también escribió canciones no sólo para chicos (por ejemplo: Como la cigarra y Canción para la tierra de uno), guines para TV, obras de teatro, notas periodísticas. Este texto fue tomado del diario La Nación, Buenos Aires, 1996.
Fuentes: Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación. 2005. Plan Nacional de Lectura. Lecturas para estudiantes. Leer X Leer. Página 51.
lunes, 8 de marzo de 2010
"Leer por placer"...

La consigna del placer, que hizo su aparición en la escuela hace unos quince o veinte años, pareció devolverle al lector cierto protagonismo. Ponía el dedo en una cuestión importante, porque es cierto que la lectura, además de acertijo y construcción, es un espacio "habitable", una casa en obra, donde se va haciendo uno sus costumbres, sus deleites, sus consuelos, sus rituales...Introducir la idea de placer suponía una vuelta de tuerca. Evocaba ciertas escenas emblemáticas: la del niño que pide un cuento, la del lector abstraído en la novela, desprendido de lo que lo rodea, la del fanático de un género, el libro codiciado, el libro robado, el libro bajo la almohada...
En la escuela, "leer por placer", que recuperaba el orden de la emición, empezó siendo una fórmula refrescante frente al rigor de la lectura "obligatoria". Pero poco a poco el concepto fue perdiendo claridad y terminó entendiéndose de muy diversas maneras. Algunos lo veían como sinónimo de "lectura recreativa", de "pasatiempo"..."leer por leer", "que cada uno lea lo que trajo de su casa", "leer lo que se eligió leer", "leer algo divertido sentado en un almohadón", "leer sólo lo que me gusta", "leer y después disfrazarse", "leer y después dibujar"...Cada uno entendió la consigna a su modo. Y cuando la consigna cristalizó-se volvió incuestionable y automática- el frescor desapareció. A menudo había una confusión entre el placer sinónimo de facilidad (lo cómodo, el género bien conocido, las técnicas recurrentes, las series, "sólo libros de terror", "sólo historietas", etc.) y el placer que incluye esfuerzo, sorpresa, incluso cierta incomodidad, y un encuentro bien ganado, menos fácil, con el texto luego del trabajo y la aventura.
Sin embargo, hay que reconocer que, de alguna forma, con altibajos-y en muchos casos con contradicciones-, la teoría del placer supuso un giro en la actitud de la escuela hacia la lectura. Se le daba un lugar a la lectura "de tiempo libre" y a la decisión personal, y eso significaba un reconocimiento del lector como sujeto capaz de elegir, de disfrutar...
Suponía también un cambio en el repertorio, eran otros los textos que se ofrecían. Pero este permiso no bastaba para alentar, auspiciar, dar ocasión a la formación de lectores- al crecimiento lector- de manera expresa. Que la escuela diga "lean placenteramente" no está nada mal, pero no parece suficiente. Estamos pensando en una ocasión más fuerte.
Fuente: Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación. 2007. Plan Nacional de Lectura. La Gran Ocasión. La escuela como sociedad de Lectura. Pág. 9
jueves, 4 de marzo de 2010
Buscadores de sentido...

Leer es algo más que descifrar, aunque toda lectura suponga un desciframiento. Leer es construir sentido. No sólo se "lee" una imagen, la ciudad que se recorre, el rostro que se escudriña...Se buscan indicios, pistas, y se construye sentido, se arman pequeños cosmos de significación en los que uno, como lector, queda implicado.
Mucho antes de disponer del lenguaje,un bebé "lee" el mundo que lo rodea, busca señales, anticipa acontecimientos según esas señales, registra lazos de significación entre un tono de voz, un rumor de fondo, un ruido de pasos por el pasillo y la desazón, o el consuelo. El movimiento de una cortina, cierta luminosidad, el contacto con la colcha de la cama "algo le dicen". No se trata de un significado que está allí de antemano, no es cierto que ese movimiento de la cortina, esa luminosidad o ese contacto con la colcha estén preparados para decirle lo mismo a cualquier otro bebé. El ha construido la significación, es resultado de su trabajo. Sin embargo, está claro que esa "lectura" mínima de quien todavía no dispone del lenguaje resultará invisible. No queda registro de ella en ninguna parte. Sólo, tal vez, en situaciones excepcionales, alguien muy cercano y lo bastante intuitivo podrá acaso- leyendo a su vez pequeñas señales- tener algún atisbo de ella. Muchas de nuestras "lecturas" privadas, íntimas, siguen siendo de ese orden, invisibles, toda la vida. El universo de significados que armamos al contemplar un paisaje, o un cuadro, al mirar las escenas de una manifestación en el noticiero de la televisión o recoger los indicios del paso de un extraño por una habitación muy conocida por lo general queda dentro de los límites de nuestra conciencia. Otras veces, en cambio, cuando contamos una película que hemos visto, por ejemplo, o cuando relatamos un suceso, algo de lo que fuimos testigos, damos voz a nuestra "lectura". Nuestro trabajo de constructores de sentido se vuelve visible. Pensemos en un relato, por ejemplo. El relato que hacemos es obra nuestra. No pretende incorporarlo todo, cada una de las sensaciones que registraron nuestro oído, nuestro ojo o nuestro olfato en un primer, un segundo, un tercer plano de la atención, sino que elige, arma, "dibuja"...Se escogen algunos pasajes, otros se omiten, se procede a un cierto montaje, se hace hincapié en un detalle y no en otro, se adopta un punto de vista...El cosmos de significación que construimos es personal, exactamente como le sucedía al bebé. Y nos incluye. Cada persona, desde que nace, "lee" el mundo, infatigablemente busca sentidos.
Y, del mismo modo, si le dan la ocasión, también puede "escribir", o "inscribir" en palabras, ese mundo que ha leído. Puede contarlo. Analfabetos de significación no hay, somos todos constructores de sentido. Y, si nos dan la palabra, todos podemos sentirnos, almenos por un rato, "el dueño del cuento".
Fuente: Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología. 2007. La gran ocasión. La escuela como sociedad de lectura. Buscadores de sentido...Plan Nacional de Lectura. Pág. 2
miércoles, 3 de marzo de 2010
Una frase para compartir y reflexionar...
“El hombre que lee de viva voz, se expone de manera absoluta.
Si no sabe lo que lee es ignorante en sus palabras, es una miseria y eso se escucha.
Si rehúsa habitar su lectura, las palabras permanecen como letra muerta, y eso se siente.
Si colma el texto de su presencia, el autor se retracta, es un número de circo, y eso se ve.
El hombre que lee de viva voz se expone a los ojos que lo escuchan. Si lee de verdad,
Si pone en ella su saber y domina su placer, si su lectura es un acto de simpatía con el auditorio tanto como con el texto y su autor, si logra que se oiga la necesidad de comprender, entonces los libros se abren de par en par, y la muchedumbre de aquellos que se creían excluidos de la lectura se precipita en ella tras él”.
PENNAC, Daniel
Fuente: PENAC, Daniel. 1996. Como una novela. Bogotá, Colombia. Grupo Editorial Norma.
Si no sabe lo que lee es ignorante en sus palabras, es una miseria y eso se escucha.
Si rehúsa habitar su lectura, las palabras permanecen como letra muerta, y eso se siente.
Si colma el texto de su presencia, el autor se retracta, es un número de circo, y eso se ve.
El hombre que lee de viva voz se expone a los ojos que lo escuchan. Si lee de verdad,
Si pone en ella su saber y domina su placer, si su lectura es un acto de simpatía con el auditorio tanto como con el texto y su autor, si logra que se oiga la necesidad de comprender, entonces los libros se abren de par en par, y la muchedumbre de aquellos que se creían excluidos de la lectura se precipita en ella tras él”.
PENNAC, Daniel
Fuente: PENAC, Daniel. 1996. Como una novela. Bogotá, Colombia. Grupo Editorial Norma.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)